Las mujeres y los códigos femeninos

Puta madre.

Puta madre.

 

Todos los individuos de esta sociedad se manejan por códigos. Es la clave para vivir en armonía, encarcelar a los salvajes y a los indisciplinados que quieran atentar contra la paz colectiva.

Cuando los círculos sociales son más pequeños, dichos códigos se vuelven más precisos y resultan claves para cada relación humana. Para empezar, ¿qué coño es un código? vamos con el significado. Ayúdanos, RAE.

“Combinación de signos que tiene un determinado valor dentro de un sistema establecido.”

Las mujeres y más aún, una amistad entre mujeres, cuenta también con estos parámetros de signos y claves que no debes romper si es que quieres preservar a esa persona que ha sido tu confidente, eterna compañera de chupetas, jodas, rajes, viajes y aventuras exóticas junto a compañeros extraños. (Uy sí, wild one).

Aquí algunos cuantos. Son implícitos, pero a veces se nos pasan.

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Los 10 fails del amor

Porque siempre necesitas amigas que miren como la cagas.

Porque siempre necesitas amigas que miren como la cagas.

Cuando estás soltera, siempre hay alguien por ahí rondando el territorio (o sea, pulseando). Esos gilazos que te invitan al cine o a comer. También los amores pasados que vuelven de forma esporádica y casual. Pero como eres una flaca tan afortunada, cada situación amorosa en tu vida se convierte en un fuckin’ fail porque todo es tan irónico y jodidamente contradictorio. Aquí, algunos casos:

1) Le gustas al chico que no es tu tipo en lo absoluto: tiene ‘buenos sentimientos’ y toda esa mariconada. Te adora. Es del tipo que te va a recoger y te deja en tu casa. De los que se ponen en el lado derecho de la vereda para protegerte de las combis asesinas. De los que son considerados y te saben esperar. Pero oh wait…no te hace reír, no te soprende, ni siquiera intenta porque no sabe cómo. Le das una oportunidad. Se pone intenso. Huyes. Se siente usado. Se aleja. Estás triste. Sientes que te has portado mal, que lo quisiste querer, pero no supiste cómo porque tienes un carácter demasiado jodido y él te parece débil.

Se dejan de hablar. Te comienza a odiar. FAIL.

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¡Oops…! Me acosté con mi ex

Vince Vaughn y Jennifer Aniston en 'The Break-Up'

Vince Vaughn y Jennifer Aniston en ‘The Break-Up’

Existen dos clases de personas en este mundo: las que terminan con alguien y acto seguido proceden a eliminarlo de Facebook, Twitter, Instagram, Wasap, Line, y mil redes sociales más que te quitan horas y horas de productividad (bitch, please. Ya avanza esa maldita tesis); y las personas que, cuando terminan con alguien, siguen hablando con su ex porque lo consideran su “amigo” (sí, Juan).

Vamos a enfocarnos en la segunda clase de personas. Ellos terminan, pero a la semana siguiente de ‘haber dado todo por culminado’ (así como diste por culminado dejar de tragar pizza, claro, de esa forma precisamente) se ven. Pero claaaro, solo es una ‘salida de patas’ (¿parece que todos tenemos cara de cojudos en este mundo?) o sea fresh pues, si solo somos amigos, nos conocemos tan bien, nos queremos, puedo ir a su depa, y dormir un toque o vemos una película juntos, tal vez hagamos cucharita…AGUANTA. Oops! Creo que te acabas de tirar a tu ex. SÍ, ALUCINA. Felizmente solo eran PATAS. *SONIDO DE PLATILLOS*

Mientras pasa lo que pasa (no te voy a describir el acto sexual, compra tu película porno) no piensas en nada porque todo se siente tan familiar, tan sincronizado, tan bien…excepto que no. NO ESTÁ BIEN. ESTÁ MAL. ¿Por qué? PORQUE ES TU EX. Existen tres razones por las cuales tienes sexo con tu ex: Sigue leyendo

One, two, three – Parte I

Todo empezó con una reunión de amigos de universidad. Ninguno de los tres jamás imaginó que acabarían sobrios en la misma cama.

Hay gente en la vida con la cual “nunca se sabe” que “deja las cosas fluir” y fresh…y es así como terminan haciendo pendejada y media, que después (piensan) será un buen relato para los hijos.

Un buen fin de semana, unos patas deciden reunirse después de un tiempo sin verse. Eran un grupo de aproximadamente 6 personas. Unas chelas, un pisco, puchos (infaltables) comida chatarra (infaltable número 2) mucha risa y buen humor. Si bien no eran amigos de toda la vida, habían compartido momentos divertidos juntos, se hablaban por diversas redes sociales y todos estudiaban lo mismo. (Harta cosa en común).

Como las personas adultas y maduras que son comenzaron a jugar “botella borracha”.  Besito por aquí, besito por allá. “Dale una lamida en el cuello a Diego” “Ay no, qué vergüenza” “Ya, apúrate, tienes que bailarle súper sexy a Laura”. Porque eso es lo que hace la gente que tiene entre 21 y 26 años cuando se reúne: juegan a los besitos. Back in highschool.

Daniella, Alexandra y Mauricio eran los más relajados respecto a toda la situación de agarrar con gente que después iban a tener que ver en la universidad y con la que, compartían amigos en común. “Ya fue. Es un beso”. No se hacían paltas por nada, especialmente Daniella que, sin roche, decía que había incursionado en el mundo homosexual y que, efectivamente no le había ido nada mal.

Mauricio y Alexandra eran muy cercanos. Tenían la misma forma de pensar, a veces eran malas personas y les gustaba serlo. Sarcásticos y jodidos de mierda por naturaleza, practicaban el divertido oficio del “trolling”. Él advirtió todas las insinuaciones sexuales que Ale lanzaba a Daniella y desde ahí se formó un pacto: el chantaje de patas. Por él, ambas terminaron besándose más de una vez. Divertido observar, a veces.

La reunión terminó bien entrada la madrugada. Mauricio, Alexandra y Daniella despidieron a sus amigos. Caminaron hasta la Av. Arequipa. Se quedaron parados frente a una fila de taxis con una decisión que tomar.

–          Es tarde para ir a casa. ¿Qué tal si vamos a dormir a algún lado? – Mauricio miraba a Alexandra.

Risas everywhere.

–          Puede ser. No sé. ¿Tu qué dices?

–          Fresh ah.

–          Yo también fresh.

–          ¿Qué tal? – Mauri y Ale mirando a Daniella.

–          O sea, ¿yo tengo que decidir? – preguntó Daniella.

–          Sí.

–          Sí, porque ya pues, no sé. Tú dirás.

–          Yo digo que los veo bien positivos. – levantando una ceja. – Vamos.

Cruzaron la pista en dirección opuesta a Miraflores. No dijeron a dónde iban o qué iban a hacer, pero los tres lo sabían. Estaba en el ambiente. Era un acuerdo tácito, esos que se pactan en silencio, como leyéndose las mentes y las expresiones faciales: iban a tener un trío.

Now that you got it right 
Bring love and it’ll make it alright 
Bring love and we’ll take it tonite