5 consejos para dejar de perder objetos (o dinero)

Después de haber perdido miles de soles (no es broma) de la forma más cojuda e insensata que te puedes imaginar, creo que tengo un poco de autoridad para ofrecer algunos pequeños tips, que quizá a ti, que eres tan despistado, volado y ahuevonado como yo, te pueden servir para dejar de regalar dinero al mundo.

Ok, está bien. No soy tan cojuda, solo soy seriamente despistada. Pero ya dejaré de decirlo porque, según mi viejita, eres lo que declaras: así que ya no debo de decir lo  mismo.

(No soy despistada. No soy despistada. No soy despistada *escribe 100 veces en su cuaderno rayado*)

1. Cuando te quites de viaje, nunca cargues con toda tu plata: Fácil esto te parecerá una cosa obvia y hasta consideras que es estúpido que lo mencione pero, después de haber extraviado 700 dólares, CREO QUE tengo la responsabilidad dejártelo bien clarito, papacito/mamacita.

¿CÓMO QUE PERDISTE 700 DÓLARES, PEDAZO DE #$&%$&? Sí pues. Resulta que como soy tan chévere, en mi primera noche en Cartagena de Indias (hermosa ciudad. Vayan) decidí salir a hueviar sus toques, relajando, casual y como no tenía candado (porque soy tan brillante y precavida que no se me ocurrió comprar antes del viaje, claro) dije “bueno, no voy a dejar toda mi plata en el cuarto compartido del hostel (donde – por cierto – estaba un argentino churrazo) así que me la llevaré PARA MANTENERLA SEGURA”.

Sí, huevón.

“Oye, saca plata para comprar unas chelas” “Ya, toma mil pesos” y nunca guardé mi  billetera.

MORALEJA: compra un candado. Guarda tu plata. Si no lo tienes, escóndela en la media, en el bolsillo del jean, debajo del forro de tu maleta, en tus zapatillas. Donde chucha sea, PERO NO LA LLEVES TODA.

Medias extremas, le dicen.

Medidas extremas, le dicen.

2. Deja de sacar tu cel en la combi (o en la calle) pues, oe: Yo sé. Yo sé que tú piensas que esto no es ninguna breaking news. Vivimos en Lima. Una ciudad asquerosamente peligrosa, donde la gente es desconfiada y precavida…claro, la gente. Gente que obvio no eres tú porque, si así como a mí, te han robado un celular (en mi caso 4) en la combi créeme que eres cero precavido.

Pero tú piensas que te las sabes todas, que te vas a dar cuenta cuando el choro esté al acecho, que tienes el teléfono abajito oye, no lo va a ver, estoy tuiteando algo no más, ya, este whatsapp para mi flaquita. NO. No-seas-huevón.

No lo saques porque el choro es mucho más vivo que tú. No lo ves venir y si eres de rápida reacción y lo tratas de perseguir ni cagando lo vas a alcanzar. No importa si tú eres runner y el choro es un gordo de mierda desbordante, simplemente no lo harás. ¿Por qué? Porque ellos saben sus huecos, se escabullen como las ratas que son y no quieres ver tu iPhone 5s (con tres semanas de uso) correr en manos que no son tuyas, ¿no?

MORALEJA: si vas a hablar por teléfono, ponte audífonos. Si te aburres de mirar la calle todo el puto rato y quieres estar como enfermito chateando y cagándote de risa, lleva un libro pues, amigo. Mejor entretenimiento que eso, no hay. (O ya: tu condorito).

robo-smartphone

Esa es la misma cara de lorna que tienes tú cuando el choro viene por ti.

 3. Cuida las pequeñas piezas porque son importantes: si tienes una cámara pre profesional o profesional si eres realmente posero (es broma, oe) sabes que esos equipos tienen varias piezas pequeñas muy fáciles de extraviar, especialmente si tu lente es intercambiable.

Después de perder mi cargador y la tapa mi lente, puedo decirte que realmente es una mala idea poner todos los objetos en tu mochila/bolso e ir de un lugar a otro sin  verificar (hasta tres veces) que todos están completos. Además, como eres tan ordenado, no te das cuenta donde colocas cada cosa y a veces buscas en la mochila (que obvio está bien vacía, ¿no?) una pequeña pieza y no la encuentras pero TÚ ASUMES que está ahí porque claro, “¿cómo no va a estar? Yo lo puse”. Sí, claro.

MORALEJA: siempre cuida meticulosamente tus cosas importantes pero pequeñas, como un USB, accesorios de tu cámara, filmadora, memorias, etc. Ponlas en un mismo lugar siempre para que puedas encontrarlas fácilmente y saber que están ahí.

Son pequeños. Necesitan tu protección.

Son pequeños. Necesitan tu protección.

4. Los recordatorios son tus amigos: si eres del tipo de persona a la que le  gusta comprar cupones de descuento de diferentes páginas web como Cuponatic, Groupon y mil más, pero estás tan volado que te olvidas que te compraste un cupon, de que se trataba o qué y el mail de confirmación de la venta solo de traspapela en uno de mil correos en tu bandeja de Gmail, amigo: pon tu alarma.

Todos los cupones tienen fecha de expiración y restricciones. No hay nada más cojudo que pagar por un servicio que jamás vas a usar, pero te puede pasar (como a mí que jamás tuve ese depilado corporal) porque OH MARAVILLA, ¡estabas tan ensimismado en todas las mil ideas que tienes en la mente que se te olvidó de usarlo!

MORALEJA: programa NO UNA, sino varias alertas en tu celular (si es que tienes porque seguiste el punto 2) que te hagan recordar que debes usar lo que ya pagaste. Pon la fecha y hora específica de vencimiento, planea y separa un día especial para ir al utilizar tu cupón.

Hasta en al pre-historia de XP, existían. Úsalos.

Hasta en al pre-historia de XP, existían. Úsalos.

5. ¿Doble check? Triple check, mejor: Todo  bien con que te guste viajar. A mí también me gusta. Lo malo es cuando olvidas ropa u otros artículos por no revisar tu cuarto antes de salir del hotel.

Claro, el perfecto organizado tú (y yo) hace su maleta media hora antes de tener que ir al aeropuerto para alcanzar su avión. Crees que ya está todo listo. Ya revisaste toda la habitación. Estás preparado para regresar a casa (ok, no tanto porque odias Lima, pero sabes que las vacaciones se terminaron) y tienes puesto una de tus blusas favoritas (chicas, ustedes me entienden) cuando se te derrama un poco de café que compraste en uno de los ambulantes de la calle. “Puta madre. Voy a lavar este polo. Dejaré que se seque un toque mientras hago hora para ir al aeropuerto (porque obvio que horrible llegar asquerosamente temprano y esperar pasando aduanas)”.

Todo bien. Dejas secando el polo, abres la maleta, te pones otro. Pasa la hora. Sabes que ya tienes que tomar tu taxi para ir a alcanzar tu avión. Ya revisaste todo una vez, así que estás segurísimo que ya está todo empacado. Llegas a Lima. Un fin de semana. Te quieres poner esa blusa blanca con encaje. No está. ¿Dónde mierda está? Ah sí, la dejaste en el baño del hostel a millas de tu país, so cojuda.

MORALEJA: una revisión nunca es suficiente. Aunque ya hayas hecho tu maleta y creas que estás ready to go. Nada te cuesta volver a dar una chequeada general antes de ponerte tus lentes de sol y caminar hacia el mostrador para pagar tu estadía. NADA. Hazlo, por favor. Porque como fue mi blusa, puede ser tu crema de manos, tus sandalias, tu champú, lo que cha sea. No debes perder nada.

 

Tu conciencia riéndose de ti al ver que no encuentras tu prenda favorita.

Tu conciencia riéndose de ti al ver que no encuentras tu prenda favorita. (POR MONSE)

Yo sé que soy una cojuda por haber perdido todo eso. Por ello, pongo esta información a tu disposición para que no te pase lo mismo. Aunque ya sabes lo que dicen: te pueden decir mil cosas, pero te tiene que pasar a ti para que aprendas.

Amigos, yo ya aprendí. Ojalá que pronto lo hagan ustedes. O mejor: ojalá que nunca hayan tenido que aprender a no perder cosas.

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