“¿Qué he hecho para merecer que los gays quieran casarse?”

Salir del clóset con tus viejos a los 19 años nunca es algo fácil. Al menos para mí no lo fue. Se enteraron porque una de mis hermanas le mostró a mi mamá una foto en la que mi chica y yo estábamos agarrando (sí pe, recontra cursis. Y QUÉ, BITCHES?). Mi vieja se volvió locaza. “¿QUÉ HECHO YO, DIOS, PARA MERECER ESTOOOOOO, QUEEE?” Miedo total. Mi papá, por el contrario, siempre controlador y distante, me miraba sin decir nada. Me miraba con clara decepción en sus ojos (¿acaso asco?). “¿Qué te pasa, Lucero? ¿QUÉ TIENES?”. ¿Estaba enferma o qué?

Eran los ojos de un hombre que no sabía qué hacer. Un hombre que odiaba el momento en el que se tuvo que enterar que su hija era gay. No tanto porque la hija era gay, sino porque su mujer sufría por ello.

Recuerdo que tranquilicé a mi vieja. “Soy bisexual. ¡Fácil termino con un hombre! ¡Fácil tengo hijos y me caso y toda la huevada!”. No me escuchaba. Solo era llanto, gritos, preguntas irracionales, esas cojudeces que escuchas en la calle de gente homofóbica que a mí nunca me importaron un carajo; pero ahora era diferente: las cosas hirientes venían de mis viejos.

Me sentí triste, después molesta y luego avergonzada. Sentía vergüenza de mí, de estar con mi chica, de amarla, de ser como era. Le estaba haciendo daño a mis viejos. Ellos no se merecían eso. “Doy asco”.

VOY A TRATAR DE SER ‘NORMAL’

Nunca nadie en toda mi vida me ha dicho que soy normal. Nada tiene que ver con mi orientación sexual. Siempre piensan que estoy loca, drogada o desinteresada por absolutamente todo. Nunca me sentí normal, pero por mis viejos, quise intentarlo. “No quiero hacer sufrir a mi mamá”.

Terminé con mi chica. Le dije que lo que hacíamos estaba mal. Que era una bajeza, algo sucio, ínfimo. “Tal vez nos hemos equivocado. ESTÁ MAL. ENTIENDE”. Le pedí que se aleje y nunca (en serio carajo) nunca me sentí tan infeliz.

Una cosa es sentir que defraudas al mundo, pero creo que algo más horrible es saber que TÚ MISMO te estás metiendo la rata. Me llevó un tiempo recoger los pedazos de orgullo personal después de las atrocidades que me dijeron mis papás. Decidí ser fuerte. Decidí aceptarme y quererme. Entender que yo no estaba enferma, que no era una moda, o “un asunto carnal”, sino que yo era así y mi homosexualidad, no era algo que yo podía cambiar y por supuesto, mucho menos podían hacerlo ellos.

Relajando: Unión Civil YA.

Relajando: Unión Civil YA.

Después de un tiempo, los perdoné. Nunca volvieron a ser hirientes conmigo, solo distantes. Con el tiempo, mi vieja – que es cristiana, por cierto – se dio cuenta que yo seguía manteniendo la relación con mi chica (cristiana, pero no cojuda) y, aunque no saltó en un pie por la idea de todo, lo comenzó a asimilar. Me preguntaba por ella, yo le podía contar nuestras historias, mostrarle los regalos que me hacía, decir que estaba con ella. Siempre fue algo delicado, pero “yo te amo, aunque estés loca y quiero que seas feliz”. Nos vamos entendiendo, mamá, sí estoy loca, pero putamente feliz.

No sé el porcentaje de personas que, así como mi mamá, con el tiempo logran entender que habrán personas del mismo sexo amándose entre sí. No sé cuántos papás, como los míos, simplemente eligieron sentirse bien por la felicidad de sus hijos en lugar de intentar luchar contra lo irreversible. Lo que sí sé es que cada vez, más parejas homosexuales pierden el miedo y la vergüenza de sentir que los van a insultar, agredir o discriminar. Porque puede ser todo un rollo existencial saberte y aceptarte gay y poder decirlo sin caretas. Es todo un proceso aceptar que amas a una persona del mismo sexo y poder salir a la calle de la mano y darte un beso de despedida en mitad de la vereda. Toma tiempo (seguro que a algunos más que otros) pero cuando por fin lo consigues, sientes que nunca fuiste tan libre. Entonces, decides ir a marchas y a manifestaciones a protestar, a joder, a emputar a esas personas que, cojudamente, aún piensan que el mundo siempre será de la misma forma en la que ellos lo conocieron.

Pierda o gane la Unión Civil entre homosexuales, lesbianas, trans, y bisexuales (los indecisos del grupo. Ok no), yo siento que ya hemos ganado algo: la valentía de protestar, la iniciativa de pedir que nuestros derechos sean reconocidos, la fortaleza de decir “SOY GAY” ante tu familia, ante los desconocidos, ante el Estado.

Si no es ahora, será después. Pero la Unión Civil se dará. Aunque sea solo por el simple hecho que las personas que se oponen se morirán más rápido que las que están a favor (Cipriani y su mancha ya están para la otra. Sin huevadas), porque el mundo evoluciona y cambia. No le puedes poner ‘stop’. ¿No te das cuenta? No puedes luchar contra la naturaleza. Naces gay, no te haces gay.

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