Hay mucho ruido en Francia

Ustedes saben que dicen de la espontaneidad, ¿no? ¿No saben? Yo tampoco. Pero voy a empezar un dicho. ¿Por qué? PORQUE ES MI BLOG PUES. YA. Entonces, como seguía diciendo: la espontaneidad es eso que pasa cuando menos te lo imaginas (Broder, qué profunda voy hoy día) sin planes, sin compromisos, sin horarios. Solo pasa.

Una noche te reunes con tus amigas, pero vamos a aclarar que no son las chicas normales. NO. Tú, especialmente, tienes amigas que al parecer tienen cerebro masculino y unos ovarios que, de la nada, aparecieron ahí.

Van a un club nunca antes conocido por ti. La música es experimental. Mezcla de electrónica con reagge, rap. ¿Tal vez cumbia? No tienes ni puta idea, pero bueno hagamos chancha para el ron. Lánzala. Ah genial. Bailas rico. Te ríes. Te tomas fotos. Eres feliz. Lalala. Bailemos abrazadas. Oye, qué high estoy pues. Sí, me-doy-cuenta. Está bien. Esta noche te dejaré vivir. Gracias. Mueves tu cuerpo. Esa sensación que la música te lleva y tú te entregas fácil. Sí, a la música HE DICHO.

Vas mirando el panorama. Chico cuero a la vista. Chico cuero a la vista 2. Oye, mira a ese broder. Ah sí, sí. Está churro. Alucina. Huevona, bailemos. No te pegues. Chupa, chupa. Fuma. Beso. ¿Me acabas de besar, huevona? Jajajaja. Qué demonios.

Bajamos a la pista de baile. ¿Es posible que el pata que acabas de ver y babear un toque te acabe de sacar a bailar? O sea, a ver. No estamos tan high. Sí, es posible. Coge tu mano, hace un paso al estilo tango. Lo sigues (porque es churro y porque eres imbécil y porque en fin) e intentas no caerte o algo, aunque no lleves tacos. (Acabas de salir de la chamba y universidad. No te vas a poner tacos. May)

Cuando comienzan a bailar como personas normales (not, really) se acerca. Te besa. Se están besando. Todo bien. No es como si toda la idea de que alguien a quien hayas visto y que de hecho te haya gustado, te esté corresponiendo (is this my lucky day or what, bitches?).

Tiene un acento raro y solo maneja un adjetivo para todo. “¿Es bueno?” Sí, lo es. Es de Paris. Su familia tiene discotecas allá, así que llámalo cuando vayas porque todo será gratis. Genial. ¿Por qué esto es relevante? Ya sé. No lo es. ¿Ya hemos dicho que era churro? Ok, lo diremos: color pálido, barba, cabello marrón oscuro, labios carnosos rosados, cejas pobladas, delgado. Un look a lo indie-literato-bohemio-need a shower or maybe not.

¿Quieres ir a comer algo? ¿Vamos a fumar? Ya. Sí, claro. Lalala, todas tus amigas están bailando en un lado. Te escaparás caleta. SÍ, CLARO. Ya vengo, chicas. Oe quee, a dónde te vas? Jajaja ya regreso. Tu iPhone se murió. Genius. Existen personas que toman riesgos y tú.

Toman un taxi. Le dice la dirección y el taxista claramente lo estafa con el precio. Tu corazonada se está confirmando desde que lo viste: he’s the good guy. Vive en un piso con todos sus roommates franceses. En el taxi conversan sobre su carrera, sobre como ama Lima y sobre su vida en general. Ok, this may be good. Su habitación es pequeña y desastroza. Hay ropa tirada por el suelo. Una cama pequeña. Un MacBook Air. Dice que es su ‘bebé’ y también su iPhone. Roleas tus ojos. Tenía que ser Apple Lover. *Sumas a las cosas que tiene en común*. RELAJA, SE ACABAN DE CONOCER HACE MEDIA HORA. Fuman. Tranquilos. Comienzan a besarse, pero te entran unas ganas jodidas de dormir. Y oh qué pena. No tienen protección. Somebody is not gonna get any.

Un pata normal insistiría y probablemente estarías en un pequeño (GRAN) problema y tendrías que poner a prueba todo el entrenamiento levantando pesas, pero este no. Pero igual, sus amigos han llegado y están haciendo bulla porque todos quieren ver a la chica que tiene en su habitación. A ver, amigos, no todos estamos borrachos, algunos tenemos conciencia de lo que hacemos y decimos. Es mejor irse. Recoges tus jeans (gracias, Dios porque te pusiste esos bóxers fucsias que te quedan tan bien) te los pones, cuando él regresa.

NO TE VAYAS. Eh…sí. NO, NO TE VAYAS. Es mejor que sí. Dios, qué hora es? qué mierda haces ahí en primer lugar, huevona de mierda? Para eso te pagaron el colegio de monjas? Primera vez ever.

Por favor no te vayas. ¿Quieres dormir? Yo también quiero dormir contigo. No quiero hacer nada. Solo dormiremos. Echate a mi lado. Sí. Te abraza. Comienza a balbucear algo sobre un desayuno. ¿Qué cosa? Ah sí, que mañana tomarán jugo de naranja con croissant. Espera, ¿puedes pronunciar de nuevo esa palabra? Croissant. Malditos franceses. Mándame a la mierda, igual sonará sexy. Ya, cállate carajo. Deja de hablar del maldito jugo y tanta mariconada y déjame dormir. Está bien, abrázame un poco más.

Son las 6 de la mañana. Debe ser. Ya amaneció. Qué genial y no estás en tu casa y tu iPhone muerto y tus amigas deben estar preocupadas por ti. No, chicas, no estoy descuartizada debajo del puente camote. Estoy bien.

Agarras tu bolso, tu teléfono, te recoges el cabello, pides ‘prestado’ 20 soles de sus jeans Zara. Encuentras su carné de estudiante. No se te ocurre verificar sus datos. Estás tan palteada porque alguien se despierte que quieres largarte de ahí cuanto antes. Él sigue petrificado, durmiendo. Dios, qué blanco es. Qué…perfecto.

Todo el piso tiene un silencio de cementerio. No, esperen, los muertos hacen más bulla. Sales del edificio. Tomas un taxi. Llegas a tu casa. Duermes. Oye, ¿cómo se llamaba? no dejaste tu número. Probablemente tampoco recuerde tu nombre. No tienes nada. Fácil no lo vuelvas a ver nunca. Solo tienes una dirección que se ha marcado en tu cerebro. Un número. Una puerta.

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