Cuando dejaste de ser la bola feliz

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Llega el momento en la vida de toda mujer (ok, quizá no de toda) en la que se sienten incómodas, perturbadas, desmotivadas con su cuerpo. No, este no es otro post sacado de un libro de autoayuda para perder peso y ser RAGIAAA. No. Así que pueden seguir leyendo, si no, fue pe, sobrino.

Entonces, como seguía diciendo. Llega ese momento en el que te sientes una goorrrda de mierrrda, sientes que le haces competencia a la vaca, que tu piel es casi casi como la grasa del cerdo (ok, no tanto) y dices “Alucina (huevonaaa) que no me gusto y puedo hacer algo para cambiar esta vaina”. Entonces, comienzas todo un proceso de transformación. Pero, atención, no de cuerpo, eso viene mucho después. Me refiero a que cambias tu chip y decides verte y sentirte mejor. Pero no porque tu ex te dejó y la próxima vez que lo veas quieres restregarle en la cara que ahora luces mejor que su mujercita de quinta actual novia, o porque ya viene la boda de tu hermano y la maldita zorra de su prometida está regia y yo también tengo que estarlo y quieres entrar en este vestido XS que viste en la tienda pero que sabes no lucirá bien en tu cuerpo rolludo y mal formado con unos kilitos de más, o quizá porque quieres conquistar a ese pendejo pata que jamás te valorará realmente porque quien te quiere, te quiere chancha como sea que fueras. Noooo, no lo haces por ninguna de las razones anteriores ni por nadie más que por TI misma.

Entonces, comienzas a pasar por un proceso de fases. Duras, terribles, pero satisfactorias.

1. De ese lomo no he de comer:  Llegas a tu casa a las 11 de la noche después de hueviar todo el día larga jornada de trabajo (AquienEstamosTratandoDeEngañar) y abres la refri, y ves que tu viejo trajo un lomo de la tía de la avenida que sabes que ta más bueno que Brad Pitt en Troya (lo sé, chicas, lo sé) y tienes la tentación de comerlo, pero tu sabes bien que si te tragas eso y después te vas a dormir, no solo engordarás más, si no que tendrás pesadillas y Freddy Krouger se aparecerá tu sueños. Sabes que si te comes toda la papa con esa carne jugosa y el arroz que mezclado con el juguito tiene un sabor…ok mejor paro, TÚ SABES que te joderás y que cada vez que mires al espejo, te sentirás peor. Así que, cierras la refri, te vas a la cama y duermes.

2. Verduras, ¡actívense!: como eres nueva en todo este asunto de bajar de peso porque sinceramente nunca te importó un carajo tu peso, talla, tus medidas de poto, cintura, caderas corporales, no sabes que no está bien dejar de comer de noche y ser anoréxicaStyle, pero ya lo hiciste durante un mes y lograste bajar 7 kilos, así que cojudamente sigues pensando que está bien y no. Por ahí, lees algo (lee pues, carajo, lee) , escuchas a una amiga y descubres que no tienes que dejar de comer, solo tienes que dejar de comer como una maldita vaca. NADA MÁS. (las vacas son herbívoras y probablemente tragaban mas verduras que tú). Es así como descubres el maravilloso mundo de los vegetales y las verduras (carnívoros, no me odien) y dices “oh, puedo comer verduras: me harán bien, evitará que muera de inanición cual modelo de Vogue me cague de hambre y no me harán lucir como una ballena. Está bien. Lo haré”. Entonces, en lugar de meter arroz con papa frita a tu plato, lo reemplazas por lechuga, vainitas, tomate, pepino, huevo, mezclas todo, lo condimentas y descubres que después de todo, no es tan malo. Estás bien alimentada y muy sana.

3. Los abominables y su mancha: Lo lograste carajo. Eres lo máximo. Llegaste a tu peso ideal. De 60 bajaste a 48kg. Todo eso sería paja si no lucieras como una maldita cadavérica pluma sin cuerpo, (AmigaSeTeFueronLasTetas, AlguienHaVistoMiPoto) y además te sobre ese pequeño y jodido rollo en la parte baja del abdomen (tu sabes a lo que me refiero. No te hagas). Por lo tanto, tú, que ya estás motivada, estás en vía, estás casi al borde del éxito (comienzo a sonar como Paulo Coelho) decides (redoble de tambores): HACER EJERCICIO!

Es el fin del mundo. Tú, tú que los domingos te sentabas al frente de la televisión mientras ponías tu DVD (no hay plata pa’ Blue Ray) para ver una película de suspenso, como  las que te gustan, mientras cogías tus galletas de vainilla y tu tarro de Nutella, todo acompañado de tu taza de cholocate caliente, e hibernabas cual oso en la Antártida. (Hibernan no? que no?), tuu que hacías eso, ya no lo haces más y decides salir a correr. Porque ya llegaste hasta aquí, ya viste los cambios y quieres más. Entonces, agarras tu polera, tus shorts, tus zapatillas deportivas que tienes desde los 9 años y aún están como nuevas porque jamás las usaste (toda la vida fuiste redonda), tus audífonos y tu mp3 AIRAY de 1GB iPod con Nike App y sales a correr. No importa si llueve, si hace mucho frío, si estás muy cansada, si te metieron la puteada en el trabajo, si te sientes deprimida, no importa: sales a correr y sudas como un cerdo, pero sabes que es buen sudor, que estás botando todo el estrés, que te estás poniendo más fuerte. De pronto, ya no solo sales a correr, decides comprar pesas, miras rutinas para fortalecer tus músculos y sacar culo sentirte mejor. Ya cambiaste.

Si llegaste hasta aquí, ya no hay quien te pare. Cada día, comer bien y ejercitarte se vuelve parte de tu rutina porque te hace feliz. No tengo que decirte que habrá gente de mierda personas que te joderán con todo el rollo de tener ese tipo de estilo de vida, pero tampoco tengo que decirte como mandarlos a la mierda.

Pero resumiendo todo en un importante y esencial hecho: sé feliz, acéptate como seas y en la forma que vengas porque bonitas hasta las mas gorditas.

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5 pensamientos en “Cuando dejaste de ser la bola feliz

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