The Killers post concierto: who’s sober?

We're no drunk. We're just happy.

We’re no drunk. We’re just happy.

Ready? Let’s roll onto something new. Taking its toll and I’m leaving without you.


El concierto me había dejado exhausta y pensé ir a casa para descansar. Mis pies agonizaban, mis rodillas pedían auxilio y mi espalda estaba jodida. Me voy a mi casa, se jodió todo. *Ring ring* (realmente mi cel no suena así, tengo un smartophone ay sí, ay sí.)

–          ¿Dónde estás? – dice Luisa

–          Estoy por la vía expresa. ¿Tú? – respondo pensando que ya fue todo. No podré ir a casa.

–          También. Nos encontramos por el puente Bauzate y Meza. Te veo ahí.

Son las 12:10 de la noche. Mierda. Iremos a tonear a Sargento…

La odisea para encontrar un maldito taxi en medio de un mar de gente que hace unos segundos había estado en el concierto de The Killers, comenzó. “Ni cagando 30 lucas hasta Barranco”, dice Ale. Carajo. Chapemos cualquier taxi. Quiero sentarme.”Ya, este dice 20. ¿Está bien?” “Sí, sí. Subamos”.

El pase es con la entrada para el concierto, que yo no tengo porque jamás compré un ticket. Felizmente Jhonathan me dejó la suya y nos ahorramos un montón de líos. Pasamos los controles de seguridad en las discotecas: la respectiva toqueteada. “No, no llevo drogas. Sólo algunas pastillas”. La señorita no se ríe.

Pasamos el hall de Sargento. La discoteca es de un solo piso, pero es amplia. Se divide en cuatro estancias: la pista de baile, el escenario donde diferentes bandas van a tocar, el bar donde venden toda clase de tragos y el espacio donde descansan las mesas y sillas. El único piso se divide en dos niveles divididos por escaleras.

Luisa me había prometido trago gratis toda la noche (razón principal por la que vine) así que lo demando a penas nos encontramos con sus patas del trabajo. “Quiero chela pe”. A los 10 minutos regresa con un vaso grande de cerveza Barena del cual bebemos Ale,Luisa y yo. A los 30 minutos, cada una tenía un trago en la mano: chilcano, tequila y cerveza, respectivamente. “Ya. No sean maricas. Hagamos seco”. Fuck my fucking life. This shit ain’t gonna end well.

A los 60 minutos ya me puse a bailar. Eso solo puede significar una cosa: I’m drunked. ¿Saben? Cuando dicen que no es buena idea mezclar tragos, NO SE EQUIVOCAN. Son las 2:30 de la mañana. Ya no me duele un carajo y sólo quiero bailar. Luisa es gileada por un gringo, dice que se llama Mike o algo así. “Nice to meet you. Now buy me a drink ‘cause I’m not drunk enough, mister”, lo saludamos. El gringo se pone too-much-tocador y safamos de ahí. “Ya regresamos”, le dice Luisa. SÍ, CLARO.

Son las 3 de la mañana o por allí. Ustedes saben, una pierde la noción del tiempo. Luisa baila con un huevón que definitivamente-no-es-mi-tipo, pero cuando converso con él me cae de la puta madre. Se llama Toño y está triste porque se peleó con su flaca y le  Le digo que se anime mientras nos movemos al sonido de “Kids” de MGMT (más hipster, imposible).

Toño quiere continuar la juerga en su casa. No me quiero ir. Me estoy divirtiendo. Antes que nos vayamos, decidimos que es momento de surfear el terreno para aprovecharnos de algún incauto que haya dejado alguna deliciosa botella de alcohol libre. Empezamos la búsqueda. Un poco de cerveza cae del vaso que tengo sujetado en la mano y se posa en mis dedos: cojo mi índice y anular para lamerlos. Poso la mirada en tres chicos. Tienen cara de imbéciles. ¿Es el acto o soy yo? “Oye oye oye, ¿quieres bailar?”, dice uno de ellos. Al instante, estamos en la pista. Me muevo sin coordinación pero disfrutándome a mi misma con “Bad boys” (God knows I love them). El chico me pone su gorra en mi cabeza, sonrío y todo. Me doy cuenta que perdí a mis amigas. “Ya me voy. Tengo que encontrarlas”. Me sigue y cuando voy caminando un tipo me habla “¿Dónde está mi amigo?” “Por las escaleras. ¿Has visto a mi amiga?” “Sí, estaban un toque aquí”. De pronto “Oye, huevona de mierda. Ven acá”, Luisa me coge por el brazo. Guess this is goodbye. “Chau”, les digo y sonrío.

Nos quitamos después que terminó que sonar “Help” de The Beatles y realmente siento que I need somebody to help me walk. (Dude, is the floor moving or what?) Somos 5 borrachos yendo a seguir emborrachándonos. Chapamos un taxi: Luisa, Johanna, Toño y yo nos montamos en la parte de atrás. Pepe va adelante.

Después de una más larga que pedo de culebra corta parada en casa de Pepe, que fue a sacar un trago (y de paso buscar algo de comer) de su casa, nos dirigimos a casa de Toño.

Es un edificio de 5 pisos y el maldito tenía que vivir en el quinto (o así me pareció por la infinidad de escaleras que subí), avanzo en zigzag. Luisa me coge en un momento “ESHTOY BIEN”. Una vez en el depa, vamos a la terraza: Toño nos dice a todos que nos cachen. Luisa toma ron puro de la botella, Pepe trata de entender las palabras de Toño para la clave del wifi, Johanna se espanta de ver a tanto borracho junto y yo me pregunto qué mierda hacemos en una azotea a las 4:30 a.m a oscuras.

De pronto, Pepe dice: “Me voy. Creo que ya me han visto suficientemente borracho”. Nos deja atónitos. Se despide y desparece. Toño me dice la frase más-estoy-ebrio-no-sé-lo-que-hablo-de-la-noche: “Si quieres puedes ir a mi cuarto y quedarte ahí infinitamente”. WTF.

Bajamos. Toño y yo nos metemos a su cuarto. Luisa se fue a acompañar a Johanna a tomar su taxi. Prendo la laptop para buscar información. (No, no es que quería escribir mi nota del concierto para el diario, por siacaso). De pronto, Toño desaparece. Voy a la sala por mi iPad y lo encuentro sentado al lado de Luisa en la oscuridad. “Sorry, solo vine por esto. No interrumpo”. Regreso al cuarto.

Estoy surfeando en internet cuando suena el cel de Toño. Contesto. “Lucero, dile a Toño que me abra la reja. YA ME VOY” “¿Cómo que te vas? Ok, me voy contigo. Espérame” “No no no no. Me voy. Pásame con él”. Toño le habla a Luisa por el interlocutor: “¿qué pasa, oe. Ven” No le entiendo bien. No entiendo nada.

Bajo corriendo las escaleras y la encuentro estrellándose con la reja, tratando de lograr alguna estabilidad. “Qué fea borracha eres”, le digo. “Cállate, huevona. ¿Cómo carajo salimos de aquí?”. Probablemente, Toño ya murió en su cama y ninguna de las dos recuerda el departamento del que acabamos de salir. (Tomar es dañino para la ubicación geográfica). Intentamos salir a través de las rejas, pero bitches please, nunca tan escuálidas.

Ya fue todo. Es momento de aplicar nuestras capacidades para escalar. Recuerdos del videoclip “Crazy” de Aerosmith vienen a mi cabeza mientras trepamos la reja con púas para salir. Sería genial si ahorita vieniera Serenazgo y nosotras aquí, casual pareciendo rateras...y eso es exactamente lo que pasa. Be carefull what you wish for ‘cause you can fucking get it: Una camioneta de Serenazgo llega justo cuando estaba terminando de bajar la reja por parte de la calle. De allí todo es impreciso: nos tocan el claxón, prenden sus sirenas, corremos, nos siguen, paramos un taxi, nos metemos en el carro sin preguntar precio ni dirección.

No sé a dónde vamos. Estamos ebrias pero felices. Creo que seguiremos chupando. No lo sé. Bajo la luna de la puerta trasera y siento el sereno de la madrugada en mi cara. Ha sido una buena noche y creo que necesitaré una bolsa de plástico pronto, no para mi exactamente.

 

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