Love Actually: como nunca la viste antes

Mi ex siempre me dijo para ver esa comedia romántica por la cual terminas llorando/babeando/haciendo llamadas inapropiadas en medio de la madrugada: Love Actually. Sí, en la que salen los papacitos de Hugh Grant y Collin Firth (santos acentos británicos, Batman). Nunca la vimos. Entonces, una madrugada después de comerme todos los episiodios de The X Factor intentar dormir, la vi y efectivamente tuve una escena muy moco y baba en las cuales piensas que el amor sí existe y esa clase de cojudeces romanticismos.

El contexto histórico de la película es vísperas de Navidad (jingle bell, jingle bell, jingle all the fucking way) y todos se encuentran viviendo el espíritu navideño al límite (harto ponche). La película contiene diversas historias:

El primer ministro y la secretaria: David es el Primer Ministro más churro de la historia y le gusta nada más y nada menos que la zorrilla señorita que le sirve su tea and biscuits: Natalie (Oh, dear). El tipo entra en un conflicto de intereses jodido. Ni cagando le puede gustar una flaca de su gabinete, pero pierde los papeles cuando ella entra a su despacho ofreciéndole esas galletas chocochip que tanto le fascinan porque saben a las que hacía su abuela y entonces…¡NO NO NO! No le puede gustar Natalie aunque sea la chica directa, simpática y recién dejada por su novio. Las cosas empeoran cuando casi caga la relación política con Estados Unidos después que encontró al presidente del país gringo queriendo besuquear a su hermosa chica del té y muere de celos. Por lo cual, decide deshacerse de Natalie y contratar a una viejecilla canosa inofensiva. (Way to go, champ).

Pero, David sigue extrañando a Natalie. Su tea and biscuits nunca serán los mismos. Se resiste a buscarla o saber algo de ella hasta nochebuena, cuándo; revisando su correspondencia, encuentra una carta de ella en la que le dice cursilería y media sus sentimientos, en resumen: lo ama y quiere que le haga muchos hijos.

Es así, como David, qué solo conoce la calle dónde vive Natalie y, en esa calle hay, más o menos unas 380 casas; comienza a tocar de puerta en puerta hasta encontrar a su mujer gordilla y cachetona. Una vez juntos, van a una obra teatral de chibolos y no se les ocurre mejor idea que besarse a “escondidas” detrás del telón, hasta que termina la obra; suben el telón, quedan expuestos en pleno chape y comienzan los flashes. Todo el mundo se entera de su felicidad. Kids these days.

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