One, two, three – Parte I

Todo empezó con una reunión de amigos de universidad. Ninguno de los tres jamás imaginó que acabarían sobrios en la misma cama.

Hay gente en la vida con la cual “nunca se sabe” que “deja las cosas fluir” y fresh…y es así como terminan haciendo pendejada y media, que después (piensan) será un buen relato para los hijos.

Un buen fin de semana, unos patas deciden reunirse después de un tiempo sin verse. Eran un grupo de aproximadamente 6 personas. Unas chelas, un pisco, puchos (infaltables) comida chatarra (infaltable número 2) mucha risa y buen humor. Si bien no eran amigos de toda la vida, habían compartido momentos divertidos juntos, se hablaban por diversas redes sociales y todos estudiaban lo mismo. (Harta cosa en común).

Como las personas adultas y maduras que son comenzaron a jugar “botella borracha”.  Besito por aquí, besito por allá. “Dale una lamida en el cuello a Diego” “Ay no, qué vergüenza” “Ya, apúrate, tienes que bailarle súper sexy a Laura”. Porque eso es lo que hace la gente que tiene entre 21 y 26 años cuando se reúne: juegan a los besitos. Back in highschool.

Daniella, Alexandra y Mauricio eran los más relajados respecto a toda la situación de agarrar con gente que después iban a tener que ver en la universidad y con la que, compartían amigos en común. “Ya fue. Es un beso”. No se hacían paltas por nada, especialmente Daniella que, sin roche, decía que había incursionado en el mundo homosexual y que, efectivamente no le había ido nada mal.

Mauricio y Alexandra eran muy cercanos. Tenían la misma forma de pensar, a veces eran malas personas y les gustaba serlo. Sarcásticos y jodidos de mierda por naturaleza, practicaban el divertido oficio del “trolling”. Él advirtió todas las insinuaciones sexuales que Ale lanzaba a Daniella y desde ahí se formó un pacto: el chantaje de patas. Por él, ambas terminaron besándose más de una vez. Divertido observar, a veces.

La reunión terminó bien entrada la madrugada. Mauricio, Alexandra y Daniella despidieron a sus amigos. Caminaron hasta la Av. Arequipa. Se quedaron parados frente a una fila de taxis con una decisión que tomar.

–          Es tarde para ir a casa. ¿Qué tal si vamos a dormir a algún lado? – Mauricio miraba a Alexandra.

Risas everywhere.

–          Puede ser. No sé. ¿Tu qué dices?

–          Fresh ah.

–          Yo también fresh.

–          ¿Qué tal? – Mauri y Ale mirando a Daniella.

–          O sea, ¿yo tengo que decidir? – preguntó Daniella.

–          Sí.

–          Sí, porque ya pues, no sé. Tú dirás.

–          Yo digo que los veo bien positivos. – levantando una ceja. – Vamos.

Cruzaron la pista en dirección opuesta a Miraflores. No dijeron a dónde iban o qué iban a hacer, pero los tres lo sabían. Estaba en el ambiente. Era un acuerdo tácito, esos que se pactan en silencio, como leyéndose las mentes y las expresiones faciales: iban a tener un trío.

Now that you got it right 
Bring love and it’ll make it alright 
Bring love and we’ll take it tonite 

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